Manejo del autocontrol para la toma de decisiones

En la actualidad se han desarrollado diversos estudios para lograr una comprensión más amplia sobre la importancia de las habilidades blandas en las personas como herramienta de apoyo para la toma de decisiones. Dentro de las principales habilidades blandas reconocidas se destacan la comunicación, iniciativa, creatividad, liderazgo, trabajo en equipo, y la capacidad de influir en los demás, sólo por mencionar algunas (Núñez & Sánchez, 2016).

Todas estas habilidades están ampliamente relacionadas con el ser, y son adquiridas de manera empírica a través de las experiencias vividas por cada persona desde su niñez. Su desarrollo permite a los seres humanos poder tomar decisiones más acertadas en su vida personal, laboral y profesional. Sin embargo, la mayoría de estas habilidades son adoptadas e implementadas por las personas desde su interior hacia el exterior, es decir, el individuo las aprende y aplica con las personas que viven a su alrededor, pero suele no aplicarlas para sí mismo. Para esto existe principalmente una habilidad que, si bien es ampliamente conocida, pocas personas realmente la implementan; esta habilidad es el autocontrol.

El autocontrol podría definirse como la habilidad que tienen los seres humanos para reprimir aquellas reacciones impulsivas del comportamiento, un deseo o una emoción, generados por un acontecimiento externo (Fernándes, Marín & Urquijo, 2010).

Para Serrano & García (2010), el autocontrol es pieza fundamental de la inteligencia emocional, comprendiendo ésta como una meta habilidad que permite gestionar de manera correcta las emociones, así como percibirlas, comprenderlas y regularlas. Será necesario entonces aprender a manejar el autocontrol para lograr alcanzar la inteligencia emocional y contar con la capacidad de adelantarse a los propios deseos, saber en qué momento poder detenerse, analizar la situación y tomar la mejor decisión, evitando caer en situaciones que podrían llegar a ser perjudiciales en muchos sentidos.

Es importante destacar que el autocontrol debería ser analizado e implementado desde la etapa de la adolescencia o incluso desde la niñez, ya que es en estas etapas que los seres humanos pueden carecer de un criterio personal fuerte y estable, siendo vulnerables a ser arrastrados a vicios como drogas o videojuegos, volviéndose fácilmente manipulables (Arana, 2014).

Desde un punto de vista clínico y psicológico, para un correcto desarrollo del autocontrol, es necesario conocer los principales factores que influyen en él, los cuales podrían dividirse en tres grandes grupos según Lamarca (2017), siendo el primero de ellos el estrés, que debe ser tenido en cuenta incluso desde la etapa de lactancia, ya que el cariño o la crueldad con la que se alimenta y atiende a un bebé, queda grabado en su cerebro y lo condiciona para su vida posterior. Para lograr un correcto desarrollo de autocontrol en el bebé, será necesario que la persona encargada de cuidarlo intente desviar su atención cuando se note ansiedad, orientándolo hacia actividades que sean de su interés, así el bebé aprenderá a calmarse solo, poco a poco, a medida que va creciendo (Mischel, 2014).

El segundo grupo está compuesto por los padres, los cuales deberán aprender a evitar controlar en exceso a sus hijos, buscando por el contrario que éstos logren autonomía, esforzándose por resolver problemas por su propia cuenta.

El tercer y último grupo se compone de la genética y el ambiente. Según Valerio (2014), el factor genético se hereda, y está ampliamente desarrollado con afectaciones al estado físico, psicológico e incluso social; el factor ambiental por otra parte es definido como todas aquellas influencias que envuelven a un ser humano, desde el nacimiento hasta su muerte. Al relacionar estos dos factores, se obtiene que una persona adquiere rasgos referentes a su salud, inteligencia y personalidad, como herencia de sus padres, pero también por el ambiente en el cual se encuentra rodeado.

En síntesis, se puede analizar que desde pequeños los seres humanos son atraídos hacia el desarrollo del autocontrol, sólo que se hace de forma indirecta, lo que no permite que logren aprender a desarrollar esta habilidad de manera adecuada, obteniendo como resultado que la persona no tome decisiones acertadas para su vida y terminen en una situación de fracaso, lo que puede incluso conllevar a resultados como depresión, tristeza extrema o incluso tendencias suicidas.

Esto no quiere decir que si una persona no ha aprendido sobre el autocontrol desde niño o adolescente, no lo podrá hacer como adulto; si bien es más fácil cuando se es de corta edad por la facilidad de aprendizaje y adaptación, como personas adultas también se puede lograr desarrollar esta habilidad, ya que de acuerdo con Portellano (2005), cualquier ser humano, sin importar su edad, tiene la capacidad de mejorar sus funciones mentales mediante el aprendizaje y la continua ejercitación cognitiva.

Visto el tema desde un punto más ontológico, el Dr. Ock Soo Park en su libro Tú quién eres que me arrastras (2012), plantea una posición bastante interesante respecto al autocontrol; asemeja la vida de un ser humano a un automóvil, del cual, si se quiere acelerar a máxima velocidad, se hará con toda confianza, siempre que se tenga plena certeza de que los frenos funcionen de manera óptima. Es así como el acelerador del auto podría entenderse como las decisiones que toman los seres humanos a lo largo de su vida, y el autocontrol sería el freno, el cual funciona como la capacidad de saber en qué momento detenerse y dejar de seguir los deseos propios, para poder decidir de manera acertada y alcanzar el éxito personal, laboral o profesional.

Dicho de otro modo, el autocontrol puede ser desarrollado y aplicado de tal manera que un ser humano logre aprender a abstenerse de hacer eso que quiere, y en su lugar hacer aquello que necesita. Esta disciplina puede ser aprendida si una persona logra conocerse a sí misma y niega sus propios pensamientos y deseos cuando éstos lo conducen a una mala decisión. En contexto de lo propuesto por el Dr. Park, cuando un ser humano vea que su auto se encuentra a demasiada velocidad, siempre puede frenar; pero sólo si los frenos son igual de potentes que el acelerador, se logrará ese equilibrio que le permita conducir de forma eficiente y evitar desviarse del camino o incluso chocar. La capacidad de autocontrol es el mecanismo de seguridad que permite sacar el máximo provecho de la vida.

En conclusión, se puede observar que si bien el autocontrol debería ser desarrollado desde la infancia, aún en una etapa adulta puede aprenderse e implementarse en la vida cotidiana, en el trabajo, en el colegio, universidad, y en general en cualquier entorno. Lo realmente importante es aprender a conocerse de manera personal, anticiparse a los deseos, pensar muy bien antes de actuar, ver las posibles consecuencias de las acciones que se van a tomar, hacer una pausa siempre que sea necesario, no dejarse llevar por las emociones iniciales y tomar la mejor decisión posible.

Referencias

Arana Barrios, S. N. (2014). Autocontrol y su relación con la autoestima en adolescentes [Tesis de Grado, Universidad Rafael Landívar]. http://biblio3.url.edu.gt/Tesario/2014/05/42/Arana-Sharon.pdf.

Fernándes Sisto, F., Marín Rueda F. J., & Urquijo, S. (2010). Relación entre los constructos autocontrol y autoconcepto en niños y jóvenes. Liberabit. Revista de Psicología, Volumen(16), 217-226. http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=68617161010.

Lamarca Etxeberria, M. (2017). El desarrollo del autocontrol en la etapa infantil a través de la psicomotricidad [Tesis de Grado, Universidad Internacional de la Rioja]. https://reunir.unir.net/bitstream/handle/123456789/5665/LAMARCA%20ETXEBERRIA%2C%20MARTIN.pdf?sequence=1&isAllowed=y.

Mischel, W. (2014). El test de la golosina. Penguin Random House.

Núñez López, Y. & Sánchez Alfaro, D. (2016). Estudio de la perspectiva de las habilidades blandas y su importancia por parte de los profesores y los estudiantes del área de Informática Empresarial del Colegio Técnico Profesional de Cartagena [Tesis de Maestría, Instituto Tecnológico de Costa Rica]. https://repositoriotec.tec.ac.cr/bitstream/handle/2238/10636/estudio_perspectiva_habilidades_blandas_importancia_profesores_estudiantes_area_informatica_empresarial_colegio_tecnico_profesional_cartagena.pdf?sequence=1&isAllowed=y.

Park, O. S. (2012). Tú quién eres que me arrastras. Publicaciones buenas nuevas.

Portellano, J.A. (2005). Cómo desarrollar la inteligencia. Especiales SOMOS.

Serrano, M. E. & García Álvarez, D. (2010). Inteligencia emocional: autocontrol en adolescentes estudiantes del último año de secundaria. Multiciencias, Volumen(10), 273-280. http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=90416328008.

Valerio, F. (2014). Determinantes del desarrollo: herencia, ambiente, maduración. Prezi. https://prezi.com/vqbqheptuvs6/determinantes-del-desarrollo-herencia-ambiente-maduracion/.

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